El vino, la amistad de Dios y sus consecuencias

El vino es la bebida festiva por excelencia. Humanamente el vino habla de amistad y de comunión con los demás, crea alegría, infunde inspiración. Ya en el Antiguo Testamento, refiriéndose a los tiempos mesiánicos se hablaba de festines de vinos abundantes; manjares enjundiosos, vinos generosos. 

Las varias copas de vino de la cena pascual judía expresaban la alegría festiva de su Alianza con Dios. En Caná, el vino nuevo, reservado para el final, simboliza claramente los tiempos mesiánicos inaugurados ya por Cristo. El se presentó a sí mismo como “Yo soy la vid verdadera”. Y en la última Cena pronunció por vez primera las palabras que hoy se repiten en todas las eucaristías: “Tomad y bebed todos de él, porque es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”.

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