La Experiencia de Dios (Tauler)

Siempre hay una sospecha de que dentro de nosotros hay “Algo”. Eso es lo que da sentido a la experiencia del silencio interior. El silencio deja que la Trascendencia se revele.

“Es cierto que la oración silenciosa es muy austera, pero nos da la oportunidad de recordar el gusto original de lo divino, de recuperar el gusto original de lo anterior, del corazón, de la vida” .

“El viento sopla monte abajo, y no es igual el ruido que hace en los robles, en las rocas, en las alamedas, en la hierba… pero el viento es el mismo.

El silencio, la vida divina, es la misma. El espíritu es el mismo, Dios es el mismo… la experiencia es distinta”

La recompensa del silencio interior es la presencia, lo divino. Esa luz es suficiente recompensa cuando aprendemos a estar presentes.

La presencia es estar atentos en nuestro interior, sin juzgar, ni aparcar…, presentes a todo, al amor, a la estrella, al árbol, a la flor.

La presencia requiere el deseo de no hacer, de no adquirir, de no pensar, etc. Es un estado en el que uno se limita a vivir el presente.

Cuando vemos una flor sin afán posesivo estamos presentes a algo nuevo. Cuando hay presencia, todo es nuevo, sin interferencias.

La presencia se vislumbra cuando desaparece lo que somos.

Debemos vivir cada situación y cada suceso intensamente: abriéndonos al más allá.

Cuando la presencia lo llena todo, no hay nada que decir a Dios.

No hay oración sin presencia, no hay oración si no estamos aquí.

Jesús nos libera porque es el más libre. Sólo puede liberar el que es libre. Diríamos que Jesús en la cruz sigue siendo libre. Libre porque es un ser para los otros, por esa donación que él vive.

La cruz es como la tierra fértil, como el útero de la madre: el sendero de la vida que surge en el vacío, en la nada. Busca la nada, y hallarás el camino.

La eucaristía está orientada hacia la comunión. Este gesto de Jesús bien puede inspirar todas nuestras comuniones. Jesús murió antes de subir al calvario: en la eucaristía se vació.

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¿Qué es la simulación?

Significa el acto de simular  o fingir. Alteración aparente de la causa, la índole o el objeto verdadero de un acto o contrato. Simular significa aparentar alguna cosa, fingiendo lo que no es. El hombre simulador tiene un sentido muy bajo de la dignidad, la fidelidad, el respeto, la honestidad y la libertad del ser humano porque es el fruto de la mentira y la hipocresía, vive manifestando lo contrario de lo que es, de lo que sabe, de lo que siente, de lo que cree y de lo que piensa, al punto de fingir humildad, “algo terrible”, como decía San Agustín: “La simulación  de la humildad es la más grande soberbia”.  

Source: www.vitral.org

En los tiempos de Jesús, cuando no existía la crisis de valores espirituales que impera en la actualidad, él fue crucificado precisamente por personas llamadas religiosas, […]
Estimo que la simulación social es una enfermedad  provocada y diseminada por el mundo por un virus …

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Reflexiones: Tauler – Susón

A los estados de sequedad espiritual no hay que darles importancia.

Querer luchar contra ello es como pretender cambiar el ciclo cósmico. De forma natural hay otoños, inviernos… y primaveras: todo pasa.

No hay que esperar nada cuando hacemos oración: el que espera algo es el ego.

 

La experiencia interior del silencio nos va ordenando. Nos pone en armonía. Dentro encontramos el sosiego, la calma.

Cuando hacemos silencio, no hay que hacer nada, todo se recoloca y se asienta por sí solo.

 

Durante el silencio uno recibe muchas “visitas”: ideas, conceptos, recuerdos, fantasías, etc. Son resistencias internas al silencio. Son, en el fondo, pasado y exterior.

Es muy fácil confundirnos con las visitas. Pero podemos limitarnos simplemente a verlas pues “el ojo que ve agresividad no tiene por qué estar lleno de agresividad”.

Debemos dejar que tranquilamente que se disipen las visitas, sin identificarnos con ellas.

 

Puede ocurrir que un cierto desorden se adueñe de nosotros en las horas de silencio. Esta experiencia llega a ser un tormento. Nos topamos con el caos que hay en nuestro interior.

Lo que en la vida no se ha asumido siempre nos golpea. El mundo inconsciente aparece consciente.

Pero no hay que sentirse culpables ni avergonzarse de nada, simplemente hay que mirarlo. No hay que sentir ningún apuro ni escalofrío. Y así se irá aquietando todo, y el fondo de la vida se hará presente.

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